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Fuente: Bolsa de Valores de Lima

aseguradoras

Aseguradoras: Empresas financieras relacionadas al rubro de seguros y reaseguros. Actualmente, el mercado peruano se ve liderado por Rimac Seguros y Pacífico Seguros. Mapfre Perú y la Positiva Seguros también participan.

Asegurando el cambio climático

DAVID REY, Gerente de Suscripción de Pacífico Seguros

El cambio climático, visto desde la perspectiva del sector asegurador, se presenta como un fenómeno desafiante, por lo complicado que resulta anticipar la magnitud de su impacto. Pero lo que sí es previsible es que los desórdenes climáticos irán creciendo y que las empresas –no sólo las aseguradoras– tendrán que enfrentar escenarios catastróficos respecto de los cuales, en este momento, no existe mayor conciencia.

En el caso del Perú, por ejemplo, ante la eventualidad de un Fenómeno de El Niño no existe un seguro agrícola para salvaguardar aquellas plantaciones que pudiesen verse afectadas por inundaciones. La actividad pesquera tampoco cuenta con seguros para cubrir el riesgo ante temporales marinos, por ejemplo.

Ello se debe a la ausencia de una cultura de la prevención en el empresariado local, que deriva en una baja penetración del seguro en el país. La mejor muestra de ello es que para un riesgo más que evidente en el país, como los terremotos, tampoco existe la costumbre de contratar los productos que hoy ofrecen las compañías aseguradoras para enfrentar ese tipo de episodios, como los seguros de incendio, terremoto, salud, autos o responsabilidad civil, entre otros.

Y si ése es el escenario de partida, resulta mucho menor incluso la disposición para contratar seguros frente a otros fenómenos de la naturaleza que no se perciben como inminentes. Un simple ejemplo lo ilustra: en la región se aseguran los vehículos antes que la vida de las personas, y ni éstas ni las empresas sienten la necesidad de protegerse ante desastres naturales que “sólo se ven en las películas”.

No hay que olvidar que en el pasado los desastres naturales se presentaban cada 50 ó 100 años, pero en los últimos tiempos la frecuencia de tales desastres se ha acortado a cada 15 ó 25 años. Basta notar que en 1998 el Perú fue afectado duramente por el Fenómeno de El Niño y hoy, apenas 12 años después, se empieza a dar la alerta respecto de que aquél podría tener nuevamente un impacto funesto. Aun así, la probabilidad de que las empresas empiecen a preocuparse por las opciones de seguro para enfrentar tal eventualidad todavía es baja.

 

Sin temor al cambio (¿climático?)

Ahora bien, una pregunta interesante que habría que realizar es si las compañías aseguradoras se verán negativamente afectadas por los efectos del cambio climático o si, por el contrario, éste les representará una oportunidad de negocios.

El Informe Stern sobre la Economía del Cambio Climático”, elaborado por Sir Nicholas Stern en el 2006 por encargo del gobierno inglés, tiene una conclusión central que pocos discuten: "Nadie puede predecir las consecuencias del cambio climático con absoluta certeza, pero sabemos lo suficiente como para entender los riesgos que supone". Es decir, no se puede adelantar en qué medida el sector asegurador –y, en general, el sector financiero– recibirá los embates de los desordenes climáticos, pero sí se estima que el no implementar medidas adecuadas para enfrentarlos podría ocasionar un retroceso de hasta 20% en la economía mundial.

Volviendo entonces a la pregunta anterior, aun cuando no hay cómo calcular el impacto con certeza, resulta previsible que si no se efectúan esfuerzos por detener el calentamiento global, los desastres naturales aumentarán tanto en frecuencia como en poder destructor. Esto, por un lado, hará que las compañías aseguradoras enfrenten una mayor frecuencia de pago a sus asegurados. No obstante, muchas personas que hoy no contratan seguros estarán más predispuestas a tomar seguros de vida o de vivienda, lo cual incrementará el número de pólizas y, en esa medida, los márgenes de beneficio de las aseguradoras. Es difícil saber, por tanto, cuál de los dos efectos –el negativo o el positivo– se sobrepondrá al otro

Pero, entretanto, la ausencia de una cultura de prevención lleva la delantera. En agosto del 2007 el huracán Dean dejó en México pérdidas por US$200 millones, y sólo existían US$70 millones asegurados. En el Perú, el terremoto del sur chico, ocurrido en agosto del 2007, tuvo pérdidas ligeramente superiores a los US$1,000 millones, pero apenas US$100 millones tenían un respaldo en seguros.

 

No sólo en las películas

Como se aprecia, en este encuentro del hombre versus la fuerza de la naturaleza, si bien los episodios catastróficos son relativamente poco frecuentes, en términos financieros son nefastos tanto para la población como para las aseguradoras. Y están llegando a alcanzar tales magnitudes económicas, que diversos estudios promueven una necesaria participación del Estado para enfrentar aquellas consecuencias que pudieren superar la cobertura de los sistemas aseguradores. Pero esto no suele abordarse con una estrategia sistematizada que contemple, por ejemplo, la contratación con reaseguradoras internacionales y la creación de fondos específicos de acuerdo con el sector que pudiere verse afectado.

En el caso peruano, lo preocupante es que no se ha llegado ni siquiera al primer escalón; es decir, a la existencia de una cultura del seguro. Si hoy no se considera necesario contratar pólizas para cubrir los riesgos de las actividades usuales, ¿cómo incorporar el concepto de que el cambio climático y sus fatales consecuencias han dejado ya de suceder “sólo en las películas”?

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