Y se da el lujo de emitir bonos en medio de la crisis financiera. ¿Cómo así?

RICARDO LAGO
Economista y profesor español. Fue director del Departamento de Economía del Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo y funcionario del Banco Mundial y del BID.
El ministro Luis Valdivieso anunció, hace unos días, su intención de emitir bonos soberanos a 30 años por valor de US$600 millones. ¿Acogerán los mercados de capitales –hoy disfuncionales– una nueva emisión de bonos de un país en desarrollo? La respuesta inmediata es negativa, pero el Perú puede ser una excepción. La paradoja es que el Perú podría tener éxito precisamente porque no necesita el dinero. Hace ya varios años que el presupuesto público está en superávit, y la deuda pública es pequeña. De hecho, el Perú es uno de los pocos países cuyas reservas internacionales (US$35,000 millones o 26% del PBI) exceden el total de la deuda pública externa e interna (unos US$30,000 millones). Al no requerir dinero para financiar gasto público, las autoridades podrían utilizar los recursos de la emisión para recomprar deuda de corto plazo y así extender el vencimiento promedio de la deuda pública externa, que hoy es de 11 años.
El desastre financiero de los últimos dos meses no ha hecho sino subrayar la fortaleza de las finanzas peruanas. A diferencia de algunas otras economías latinoamericanas, el tipo de cambio del sol ha permanecido relativamente estable con intervención moderada del Banco Central, y la tasa de interés interbancaria apenas ha pestañeado. Las autoridades no han tenido que salir al rescate de ninguna institución financiera o empresa. Fue sin duda desafortunado que estos logros fueran ensombrecidos por un escándalo de corrupción que provocó una renovación parcial del gabinete ministerial.
El Perú posee un sistema bancario pequeño pero fuerte, con activos totales de algo más de un tercio del PBI. Los bancos están debidamente capitalizados, bien supervisados y gozan de adecuados niveles de liquidez. Cerca de la mitad del total de depósitos está invertida ya sea en encaje legal o en deuda pública. El Banco Central tiene latitud suficiente para inyectar liquidez en soles y dólares relajando los encajes, o bien recomprando deuda. La estructura del sector bancario también ayuda. Cuatro grandes bancos representan tres cuartos del total de la intermediación bancaria. Además, dos de ellos pertenecen a bancos internacionales –BBVA de España y Scotiabank de Canadá, ambos supervivientes de la reciente purga–. Los bancos peruanos operan con bajos índices de apalancamiento (menos de 10 a uno) y practican banca tradicional: se presta contra garantías.
Un retiro masivo de depósitos bancarios es impensable, pues no tendría éxito. La razón es que el total de depósitos del sistema (cerca de US$29,000 millones) es menor que las reservas internacionales. Lo anterior también garantiza que el Banco Central tenga capacidad para cortar de raíz cualquier ataque especulativo contra el nuevo sol.
No cabe duda de que la recesión internacional que se avecina reducirá notablemente el crecimiento de la economía peruana. La caída de las exportaciones y las entradas de capital se traducirán en menores beneficios empresariales e ingresos fiscales, y también en un deterioro de la balanza de pagos. Sin embargo, los analistas proyectan que el crecimiento del Perú, tanto en el 2009 como en el 2010, sobrepasará el 5%. Estas proyecciones descansan en tres pilares. El primero es la cartera de proyectos de inversión extranjera directa en ejecución, que asciende a un total de US$8,000 millones por año. El segundo es la holgura de las finanzas públicas, que permite poner en marcha una política fiscal contracíclica, consistente en ampliar la inversión en infraestructura y el gasto social. Y el tercero es la viabilidad de mantener un ritmo razonable de crédito para inversión y vivienda, dada la salud del sistema bancario.
Al Banco Central de Reserva le corresponde una buena parte del mérito por la solidez ante la crisis. La acumulación de reservas internacionales hasta un nivel equivalente a un cuarto del PBI no es tarea fácil; y es tanto más ardua en un país con una enorme lista de demandas sociales insatisfechas. En esencia, la póliza de seguros del Perú ante la crisis es su cúmulo de reservas.
¿Y qué hay de la pobreza? Entre el 2003 y el 2007, el índice de pobreza se redujo del 52% al 39% y la pobreza extrema de 21% a 14%. El gobierno del presidente García ha dejado claro que el objetivo clave es la reducción ulterior de la pobreza. Sin embargo, muy poco se podría lograr en este frente si se desmorona el edificio macroeconómico.
Si no se necesita el dinero, ¿por qué quieren las autoridades lanzar esa emisión de bonos en estos mercados caóticos? Una razón puede ser exhibir, frente a mercados e inversionistas, la fortaleza macroeconómica del país, en un momento de vulnerabilidad generalizada. El éxito en la colocación de los bonos probará, además, que las economías emergentes sólidas son capaces de atraer capitales privados –incluso en los mercados de hoy– y que por tanto no dependen exclusivamente del financiamiento “de emergencia” del FMI y del Banco Mundial.
Mientras un puñado de banqueros –aturdidos por la crisis– se encoge de hombros ante la pregunta de si la emisión tendrá éxito, otros tantos banqueros de inversión se apresuran a viajar a Lima para presentar sus ofertas.
Visite también: Versión PDF | Grupo APOYO | Ipsos APOYO Opinión y Mercado | Encuesta del poder